Resumen:
Es un libro entreverado con problemas contemporáneos, con la cultura popular y con imágenes ligadas a la publicidad. Esto es razonable, si tenemos en cuenta que estamos ante un libro que trata sobre imágenes, lo cual nos lleva a reconocer una paradoja que también lo cruza de principio a fin, a saber, que al contener imágenes, éstas pueden ser vistas como meros ejemplos de lo expuesto con la escritura, es decir, pueden caer bajo la lógica de la representación. Y por supuesto que esto puede suceder. Pero también estas mismas imágenes pueden entrar en un debate con el texto y no sólo complementarlo, pues al tener una vida propia, las imágenes también pueden interpelar lo escrito y sugerirnos otros problemas y otras vías no pensadas. Las imágenes también nos hacen pensar. Por el contrario, lo escrito también puede ayudarnos a romper los clichés que permean las imágenes, por ende, a abrirlas a nuevos usos. Así, parece que, al menos en este libro, entre texto e imagen hay un círculo de ida y vuelta constante, pero es un círculo que no cierra, con lo cual podemos pretender escapar a la repetición de lo mismo.
Descripción:
Este es un libro que gira en torno a dos conceptos profundamente imbricados, aunque no lo parezcan. Representación e impotencia cruzan en nuestros días tanto los bajos fondos como la superficie de muchos de los problemas y cuestiones políticas y estéticas que hoy acucian a nuestras sociedades. El terreno más evidente en el que ambos términos se cruzan y nos hablan de los conflictos más apremiantes de las sociedades actuales es el político. La crisis de la representación es ya un tópico bien instalado en los debates de los politólogos que buscan explicar, por ejemplo, por qué los regímenes democráticos han dado paso a formas de gobierno autoritarias o populistas, cuyas acciones y decisiones dirigidas a menoscabar las libertades y la posibilidad del disenso son, sin embargo, bien recibidas por la población, entusiasta y poco al corriente de los peligros que acechan. Que los partidos ya no representan, que dominan ahora los liderazgos carismáticos, a la vez excesivos y poco coherentes; que la gente no ve la utilidad de ir a votar; que todo se politiza con una pobre cultura política como respaldo; que los fanatismos crecen y la posibilidad de discutir dando cabida a la tolerancia y a la argumentación parece ir en camino a la extinción, todas éstas son realidades que enfrentamos día a día y se agudizan, entre otras cosas, por el auge de las redes sociales y los medios virtuales de comunicación; éstos han permitido trascender los límites que antes había para acceder a la información y, sobre todo, participar en las discusiones derivadas de este acceso masivo.