Resumen:
Antes del advenimiento de la Ilustración, en la época en la que occidente se regía por el canon de los mitos, lo que hoy se denomina “identidad” estaba estrechamente ligado a perspectivas trascendentes que los grupos humanos sentían en relación con sus creencias; perspectivas en función de las cuáles se construía la consistencia comunitaria a través de ritos y prácticas productoras de sentido.
La tribu, el clan, la población y las culturas llamadas “de la antigüedad” se encontraban estrechamente ligadas a esquemas de sentido y relación que obedecían a toda una serie de prescripciones, rituales que habilitaban su pertenencia y justificaban la identificación del “Yo” frente a “Otros” colectivos1. El espacio, la familia y el cuerpo mismo, en cada individuo, tenían que ser consistentes con el entramado social y aparecían como portadores de imágenes que reproducían al todo en el que se habían formado.
Cazadores, recolectores, guerreros, constructores no solo se vinculaban a sus prácticas a través de marcas que expresaban jerarquía o dominio de sus técnicas.